sábado, 23 de noviembre de 2019

El Ángel de Sopranis.


A veces, cuando nuestra vida diaria nos hace ser los más incrédulos, sometidos a las penurias de una existencia dolorosa, en la que nos sentimos simples piezas de un engranaje que no para y que no cambia para que las cosas funcionen y pensamos en que la material es la única realidad que nos define, la vida nos pone a prueba y nos hace volver, al menos, a reflexionar sobre la existencia de algo más, que no sabemos definir y de la que necesitamos alguna prueba para recuperar nuestra fe en que la vida no terminará por convertirnos en polvo.

Así estaban las cosas, en la calle Sopranis, en la casa de un conocido. La rutina diaria y la falta de tiempo ni siquiera le permitía pensar más allá que en preparar su trabajo y conseguir el dinero necesario para ir pagando facturas. Las cuestiones filosóficas o teosóficas habían sido aparcadas buscando las fórmulas más insospechadas para conseguir ingresos que le permitieran llegar a fin de mes.

El hombre en cuestión apuraba entre cigarro y cigarro, el descanso que le permitía seguir pensando en cómo redactar un currículo vitae adecuado, cómo enfocar una presentación a una empresa o cómo hacer un resumen de los miles de folios que se le acumulaban en la preparación de unas oposiciones.  Para no contaminar de la pestilencia tabaquera el resto de las habitaciones, hacía el ritual del humo en la ventana de la cocina, apagaba su cigarro y volvía a encerrarse en su cuarto con la intención de seguir una jornada dominada por el estrés y la ansiedad.

Cuando fumaba, su cerebro se despejaba y le iban viniendo ideas para escribir, para continuar su trabajo, para sus proyectos y, tenía la mala o buena costumbre, de correr hacia el ordenador para que esas ideas no se esfumaran y se perdieran en el aire como el humo del cigarrillo. En una de tantas, le vino una gran idea, apagó el cigarrillo, lo tiró a la basura y fue entusiasmado al cuarto para escribir.

Pasó un rato recopilando esas ideas, no pensando en nada más que en su trabajo. La ventana abierta traía a su cuarto el griterío y el jolgorio de una calle que tiene vida a casi todas horas.
De repente, empezó a escuchar golpes, tímidos golpes, que el hombre atribuyó a algún vecino. Pero se hacían más intensos, y aunque seguía con la mente en la pantalla de su ordenador, empezaba a prestarles atención.  

Ahora sí, un gran golpe en el salón, esto no podía ser otra cosa que en su casa. Tras este golpe, se levantó de su silla rápidamente, miró el salón y vio un antiguo reloj heredado por generaciones de su pareja tirado. Le llamó la atención la distancia de la caída. Estaba en una estantería en la pared y había volado unos tres metros hasta impactar con el suelo. A su vez, el reloj se encontraba detrás de otro reloj más pequeño que no había caído. Todo resultaba extraño, raro. Al llegar al reloj, empezó a oler, oler a quemado, mientras que en el resto del salón no se percibía. El olor a quemado lo llevó hasta la cocina y, al entrar, vio como la papelera ardía. Sin duda, el cigarro no se había pagado correctamente, había prendido algo en la papelera y ahora las llamas ya alcanzaban una cuarta, con el peligro de que la papelera estaba muy cerca de la bombona de gas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, porque inmediatamente se le vino a la mente, que alguien le había avisado, alguien le había salvado la vida. Quizás un antepasado, quizás un ángel, o quizás el viento haciendo maniobras imposibles. Su cabeza daba vueltas intentando negar lo evidente, y aún hoy sigue dudando entre si lo que vivió fue real o no, si alguien lo estaba protegiendo o fue fruto de la casualidad.

Lo que sí ocurre, es que ahora cuando está en peligro, no tiene miedo, pues esa duda le hace pensar que puede que sea importante para alguien o algo, que le protege.
Esta historia, que puede que parezca un relato inventado, os aseguro que goza de mi total credibilidad, porque aquel conocido de Sopranis es el que la firma, y ha dudado mucho entre hacerla pública o no.

viernes, 24 de agosto de 2018

UN NUEVO RELATO DEL 18 DE JULIO DE 1936 EN CÁDIZ.

En nuestra labor como historiador vamos encontrando documentación en los lugares más insospechados que nos acercan al conocimiento histórico. Hace unos días llegó a mi poder el relato histórico de un activo del Golpe de Estado de julio del 36, que tuvo bastante importancia en la capital gaditana. Con claros tintes partidistas escribe lo sucedido el 18 de julio. No sé si realmente aporta algo nuevo a lo ya escrito y estudiado, pero os dejo una transcripción del documento encontrado para que los historiadores hagan el uso que crean conveniente de él para su relato, pues es parte de nuestra profesión, el hacer públicas las fuentes cuando las tenemos.

Se trata de unos escritos de Eduardo Aranda Asquerino, concretamente, la persona que sacó a Varela del Castillo de Santa Catalina el día de actos, familia de los Carranza, y que titula su resumen como "Ligeros Apuntes de la Iniciación en Cádiz del Glorioso Movimiento Salvador de España".
General Varela

"El día 17 del més de Julio 1936, a las últimas horas de la tarde, la población de Cádiz pudo ver como el invicto, heróico y dos veces laureado General Varela, gaditano, había sido preso en el Castillo de Santa Catalina por orden de Madrid.

El sábado 18 de Julio hacia el mediodía, el General López Pinto, Gobernador Militar de la Plaza, ordenó la libertad del General Varela, y éste después de un cambio de impresiones con el Coronel de Artillería, marchó al Cuartel de Infantería de donde una vez arengadas las fuerzas, salió al frente una Compañía, situándose en la Plaza de España, en cuyo lugar se encontraba ya una batería de Artillería que, por orden del General López Pinto, Gobernador Militar, declaraba el Estado de Guerra y haciéndose en aquel instante cargo del mando de ambas unidades, intimó la rendición del Gobierno Civil. Esto ocurrió sobre las cuatro de la tarde y a continuación se distribuyeron las fuerzas tomando las bocacalles y dejando completamente cercado el edificio del Gobierno.

Aproximadamente a las trés de la tarde, se cursaron por los dirigentes de la Casa del Pueblo avisos a todos los afiliados para que se congregaran en aquella ante peligro inminente, corriéndose entre ellos la voz de "estamos perdidos", y arengándose desde la estación de Radio- Cádiz, de la que previamente se hicieron dueños un grupo de extremistas, a la masa proletaria, excitándola a que se echase a la calle, prendieran fuego y cometieran toda clase de desafueros.

Aún cuando se contaba con número aproximado de 5.000 afiliados, es lo cierto que solo concurrieron un millar aproximadamente, y de estos se destacaron algunos hacia el Gobierno Civil, otros fueron al Ayuntamiento, y el resto se esparció por distintos puntos de la población, no sin dejar una fuerte guardia en la Casa del Pueblo, en la que existía un depósito de armas y municiones muy importantes, pués también se dedicaban a la fabricación de bombas de mano, desde hacía algún tiempo, como pudo comprobarse.

De entre los reunidos en la Casa del Pueblo surgió la idea de asaltar una armería establecida en la entonces calle General Riego, pero el asalto fué rechazado valientemente por el dueño y uno de sus hijos, que enfrentados con los asaltantes dejaron muy mal herido a uno de ellos, que a los pocos momentos falleció en un zaguán de una casa próxima a la armería, otro resultó también herido y pudo escapar y el resto huyeron a la desbandada.

No hay que consignar que desde las cuatro aproximadamente, y también por orden de los dirigentes se fué cerrando el comercio, quedando las calles desiertas, oyéndose algún que otro disparo en distintos sitios de la población, con el doble fin de que los afiliados acudieran a sumarse a los de la Casa del Pueblo, y sembrar el desorden en la población.

A última hora de la tarde se circuló la orden por el ayuntamiento de que se cortara el suministro de luz  y agua, (estos servicios están municipalizados y la orden no se cumplió), con el fin, según las instrucciones recibidas, de que cortado el suministro de agua y luz durante toda la noche, pudiera ser destruído por el fuego el barrio más importante de la Capital, comenzando los incendios por la Calle Eduardo Dato, una de las vías principales de la Ciudad.

La noticia del incendio llegó a conocimiento del General encargado del cerco del Gobierno Civil, quien dispuso no se moviera fuerza alguna del lugar que le habían asignado, pasase lo que pasase, y ordenó a un Oficial de Artillería que con dos pelotones de Artilleros, ocho números de la Guardia Civil y catorce o diez y seis paisanos afiliados a Falange Española y Requeté, que desde los primeros momentos se habían presentado al General, marchase al lugar de los incendios con la orden de reprimirlos y castigar a los incendiarios.

Tan pronto llegaron a la calle Eduardo Dato y rompieron el fuego contra ellos estos huyeron en todas las direcciones dejando algunos cadáveres, pero sin que por desgracia pudiera evitarse la destrucción de los edificios incendiados, no solo en esta calle, sino en otros sitios de la Ciudad, pués siendo en su mayoría almacenes de tejidos ardieron con gran celeridad, tomando rápidamente incremento extraordinario no pudiendo más tarde ser dominado por el servicio de Incendios que apesar de órdenes circuladas por el ayuntamiento acudió al requerírsele y el que se tuvo que limitar a cortar el fuego evitando la propagación a los edificios inmediatos.

A las primeras horas de la noche un Jefe de Artillería con trés Oficiales de la misma Arma y cuatro soldados, por orden del General López Pinto, se hicieron cargo de la Central Telefónica, quedando desde aquel instante intervenido el servicio.

No cesó en toda la noche el tiroteo de la tropa al edificio del Gobierno, por dos de sus fachadas, en donde se hallaban emboscados los marxistas con el Gobernador, y otras personas autorizadas que resistían la intimación, resultando una víctima de la tropa, el corneta de órdenes del General Varela, que falleció al lado del General de un tiro certero, estando éste dando sus disposiciones, en el centro de la plaza. Las balas respetaron al General y a los suyos, que estaban a la descubierta, pero hubo que lamentar esta baja tan sin resultado práctico para los resistentes, siendo también heridos un Teniente de Infantería y dos soldados de Artillería.

La noche transcurrió en este plan, y los soldados habían de ser contenidos por el General, porque ansiaban tomar por asalto el edificio del Gobierno.

En cuanto al Ayuntamiento, se emplazó por las fuerzas una ametralladora frente a la Casa Capitular, y también durante toda la noche no cesó el tiroteo en ambas partes, ya que en el Ayhuntamiento había sido desarmada la Guardia Municipal y encerrados sus componentes, repartiéndose pistolas entre los afiliados que estaban encerrados en el Consistorio.

Otro de los sitios donde el tiroteo se mantuvo durante toda la noche fué en el edificio de Correos y Telégrafos.

Al amanecer del Domingo 19 entró en el puerto el barco de guerra "CHURRUCA", conduciendo las primeras tropas marroquíes, que desembarcaron inmediatamente del atraque del mismo. (Al hacerse de nuevo a la mar, se sublevó este barco).

Advertidos todos los que se encontraban en el Gobierno Civil de la presencia del "CHURRUCA" al doblar la punta de San Felipe, entrada en la bahía, rindiéndose sin condiciones, y fueron inmediatamente detenidos. En el ayuntamiento ocurrió lo propio, y esparcidas por la Ciudad las tropas moras en menos tiempo que se cuenta en relatario, la Capital entera quedó definitivamente en poder del Ejército y salvada para la causa nacional.

El amanecer de Cádiz el día 19 fué el alborear de España entera, porque sin la llegada tan apunto de aquellas tropas que envió el Generalísimo Franco desde Marruecos, Cádiz, al reaccionar los rojos, y observar la poca importancia numérica de los soldados, pués no pasaban de 600 hombres la totalidad de efectivos entre todas las Armas, hubiera quedado en trance de difícil solución, del que si bien no cabe duda que hubiera salido adelante toda la fé, entusiasmo y confianza que la guarnición tenía en sus dos Generales hubiera ocasionado un retraso quizás de consecuencias insospechadas en la llegada a la metrópoli sevillana de las primeras tropas de allende al Estrecho.

 Eduardo Aranda Asquerino.

viernes, 1 de junio de 2018

ESCUDOS Y HONORES DE CÁDIZ.

Intentaremos con este post dejar clara algunas notas sobre los escudos de la ciudad y de la diócesis de Cádiz y también sobre los honores que le son otorgados a la misma.

En primer lugar, el escudo de la ciudad representa a Hércules cubierto por una piel de león, separando con sus manos a dos leones y con una maza en los pies encuadrado en la leyenda HERCULES FUDATOR GADIUM DOMINATORQUE (Hércules fundador y patrono). Se cree que fue en tiempos de Carlos I cuando aparecen las columnas que ya documenta Gerónimo de la Concepción en 1690 y la cartela de NOM PLUS ULTRA. 

El origen del escudo es enigmático y hay diversas teorías que apuntan a diferentes reinados para su ejecución, siendo la más aceptada que fuese asignado por Alfonso X cuando la conquista de la ciudad. Para ello se basan en que la ciudad cada vez que se nombraba iba acompañada de la leyenda de Hércules incluso en Bulas Papales, como la del Papa Urbano IV. 

Sin embargo, la referencia más antigua del escudo la encontramos en Sellos Concejiles de España en la Edad Media en el siglo XV. La segunda más antigua es el grabado de Hoefnagel.

En cuanto a los honores de la ciudad, se supone que ya los Reyes Católicos le dieron el título de
Noble, al aparecer la ciudad acompañada de este adjetivo en documentación de 1512 que se encuentra en la Santa Caridad.

Sin embargo los títulos de Muy Noble y Muy Leal se les dan a Cádiz en 1521 al formar Cádiz parte de la liga confederada contra los comuneros, siendo los títulos otorgados por Carlos I.

El título de Muy Heroica será concedido por Fernando VII en 1816 tras el Primer Sitio de Cádiz y la Guerra de la Independencia en reconocimiento por los servicios prestados a la nación. 

El escudo catedralicio aparece comentado ya en textos de los siglos XVI y XVII. 

Fuente: Fierro Cubiella, Juan Antonio. Historia de Cádiz, Cádiz, 1993. 

jueves, 19 de abril de 2018

EL CONVENTO DE LA MERCED.

Dentro de nuestro repaso por los diferentes conventos extinguidos de la ciudad, nos faltaba hablar de uno que se encuentra en el corazón de barrio de Santa María, nos referimos al convento de la Merced, del cual todavía conservamos su iglesia a pesar de las vicisitudes que la historia le hizo sufrir.

convento de la Merced en la maqueta de Cádiz.
La orden mercedaria se instaló primero en la primitiva Ermita de San Roque a fines del siglo XVI. Al ser necesario el derribo de esta ermita para construir la puerta de tierra, la orden tuvo que emigrar y buscar otra sede. No fue nada fácil puesto que existía un sentimiento contrario en la ciudad a la nueva creación de conventos. Fueron Fernando de la Cerda y Constanza Dávila los que consiguieron que Fray Domingo de los Santos pasara a la ciudad los trámites fundacionales con el permiso de los Duques de Medina Sidonia. Álvaro de Gramaja, caballero del hábito de Cristo en Portugal, cedió unas casas y terrenos en el barrio de Santa María donde el 10 de marzo de 1629 se fundaría el convento y la Iglesia, terminando las obras en 1638.

Los estudios más recientes sobre el Gades romano ubican en este entorno el foro de la ciudad, aunque la existencia de un gran pozo que abasteció entre otros, a la fuente de Hércules que se colocó en la plaza del Ayuntamiento nos hace extrañarnos de esa ubicación.

Del convento poco podemos decir en cuanto a estructura y forma, pues poco se refleja en los escritos consultados que hablan más del templo eclesiástico del que se nos dice que siendo de una sola nave destacaba el retablo mayor construido por Blas de Escobar, y según Fray Gerónimo de la Concepción estaba demasiado ahogado, por lo que la arquitectura llenaría el templo. Existían dos tablas de la Virgen atribuidas a José Valdés. También destacaban doce bultos- relicarios de los apóstoles atribuidos a José de Arce. Destacan en las guías de Cádiz también las pinturas de San Serapio y de la bóveda de la Sacristía.

Hablan de la existencia contigua de la capilla de la Esclavitud a la que no hacen mención en lo artístico.

plaza de la Merced, en la actualidad.
Con la orden de exclaustración del convento de Mendizábal en 1835, éste quedó abandonado y en 1845 Diego F.Gregory solicitó el solar para montar la fábrica de Gas Zacheroni y Copañía, hasta 1867 cuando el reciento quedó libre y convertido en jardines.

Serían las llamas en el ambiente previo a la guerra civil las que destruirían casi por completo el templo, quemando gran cantidad de enseres y figuras (El cristo de Sopranis o la propia Virgen de la Merced por ejemplo) y conservándose hoy solamente la portada y la torre original.

En el centro de la plaza donde se ubicaba el convento y su huerto, se instaló en 1935 un teatro de finales del siglo XIX que había pertenecido al parque Genovés para que hiciera las labores de Mercado. Hoy día es la sede del Centro Municipal de Arte Flamenco.


lunes, 2 de abril de 2018

Acercamiento a la colección de arte de Emilio de Sola y Ramos en la calle Adolfo de Castro de Cádiz.

Tras la publicación hace algunos meses sobre el arte perdido en la ciudad, los coleccionistas de arte en Cádiz en el siglo XIX (ver enlace http://respiracadiz.blogspot.com.es/2017/12/el-arte-perdido-en-cadiz-coleccionistas.html), nos llegó la noticia de la aparición en guía del viajero de 1930 de parte de la colección de arte que fuera de Luis de Sola y que heredó su hijo Emilio de Sola y Ramos, tras un aviso del siempre atento historiador Juan Antonio Vila. En la citada guía del viajero se nos dice sobre las colecciones privadas de arte lo siguiente:

"Hasta finales de siglo pasado existieron algunas colecciones de cuadros y objetos artísticos entre las cuales cita D. Adolfo de Castro la de D. Manuel Sáenz de Tejada, en la calle de Doblones, esquina a Cuartel de Marina, con cuadros de Durero, Morales, Murillo, Zurbarán, Ticiano Rubens y otros notables pintores, pero todos fueron desapareciendo y a parte de algún que otro cuadro de relativa importancia, sirviendo de adorno en algunos salones gaditanos, solamente conocemos los restos de la colección de D. José Luis de Sola, en la calle del Molino, procedentes en su mayoría de la colección formada por el banquero Sr. Gargollo y en la cual además de algunos muebles y esculturas, figuran cuadros de Rubens, Zurbarán, Rambrant, Fernández Cruzado, El Panadero y otros y algunos de los cuales se reproducen en esta GUÍA y que pueden ver los aficionados, mediante un permiso facilitado en la oficina de la Junta del Turismo, (Plaza de Mina-Bellas Artes,)"

Lo más curioso es que por primera vez hemos encontrado reproducciones gráficas de esos cuadros de la colección de Emilio de Sola (antes de su padre y Gargollo) y también es anecdótico que fuera visitable previo permiso.

Primero aparece en la guía parte del despacho del que fuera alcalde de Cádiz a partir de 1931 y parte de los salones con la colección;





SALÓN

















DESPACHO












La aparición de estas dos fotografías son ya significativas para la historia local de la ciudad, primero por ser la vivienda de un alcalde republicano y segundo porque en esta casa tuvo lugar una reunión el 13 de abril de 1931 que designaría al primer ayuntamiento republicano antes de su proclamación oficial en el Ayuntamiento al día siguiente, más si cabe con la colección de arte y decoración de la casa que se nos presenta.


Lo siguiente que nos aparece en la guía sobre la colección son las fotografías de diversas obras atribuidas a "primeras líneas" de la historia del arte por entonce y que procedemos a su reproducción en este post.

Así, la primera pintura que nos aparece es este San Diego de Alcalá, entonces atribuido a Zurbarán y que hoy día ya tiene confirmada su autoría. Este cuadro fue pintado hacia 1658 para el ático de un retablo dedicado al Santo en el convento del mismo nombre en Alcalá de Henares, estando hoy en el Museo del Prado.

La segunda obra que nos aparece en la guía es este "Bobo de Triana" atribuido a Velázquez. Al no ser nuestra especialidad la historia del arte hemos procedido a consultar al Doctor  Lorenzo Alonso de la Sierra y al historiador del arte Carlos Maura Alarcón, coincidiendo ambos en señalar que la atribución les parece errónea a primera vista, aunque está inspirado en Los Borrachos de Velázquez. No hemos podido averiguar qué fue de esta obra a día de hoy.




Luego aparece este retrato de García del Barrio atribuido a Goya del que no hemos podido descubrir nada.



Seguidamente nos aparece esta "Dama desconocida" atribuida a Rembrandt, que también los historiadores del arte han rechazado como tal, sin saber hoy tampoco su paradero, aunque seguramente se encuentre en alguna colección privada.

La siguiente obra es este "Diputado doceañista" de Fernández Cruzado, del que tampoco aún hemos podido descubrir nada.

Más adelante encontramos "El triunfo de la Paz" atribuido a Rubens. La consulta con Lorenzo Alonso de la Sierra nos confirma que nos encontramos ante una de las muchísimas versiones según Rubens, pero nunca de él.

El "Pêdro Zaldívar guerrillero" atribuido a Goya parece una obra más tosca y menos cuidada.

Significativo al menos es el retrato del general Menacho atribuido a El Panadero.
De mayor calidad artística según Lorenzo Alonso de la Sierra, es este San Andrés atribuido a Tintoretto, aunque el Historiador del Arte nos asegura que parece ser una obra más del barroco.



Lamentablemente, poco más sabemos de estas obras, y de las muchas otras que no aparecen en la guía y que también formaban parte de la colección, donde destacaba sobre manera un Ecce- Homo de Alonso Cano. 

Dejamos y pedimos a los historiadores del arte que sigan investigando estas colecciones privadas que existieron en nuestra ciudad en otro tiempo, su autoría y su paradero actual, para que pronto podamos saber más de todo el arte que perdió en nuestra urbe gaditana. 

lunes, 19 de marzo de 2018

EL MONASTERIO DE LA CANDELARIA

Después de la entrada sobre el Convento de los Descalzos, algunos gaditanos me pidieron que escribiera algo sobre la historia de otro convento desaparecido, en este caso del de las agustinas de la Candelaria. Lo titulo Monasterio porque así aparece en la publicación Paseo histórico-artístico por Cádiz de J.N.E por Buenaventura Hernández de 1843 que me sirve como fuente principal para describirlo.

La orden de las Agustinas Descalzas se establece en Cádiz en 1567 siendo en un principio sólo 12 mujeres en la parroquia del Rosario, teniendo que venir sus instructoras desde Jerez. Será en 1593 cuando se trasladen a la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, donde se adquieren las casas inmediatas para fabricar los dormitorios, inaugurándose el 29 de noviembre de 1593. 

Esta pequeña ermita era propiedad de los moriscos y tras su expulsión quedó a merced del obispo Antonio Zapata. Durante el saqueo anglo-holandés de 1596 la ermita fue casi devastada, teniendo que refugiarse las agustinas en Sevilla y en Jerez. En ese saqueo la imagen de la Candelaria fue escondida en un pozo cuando ya estaba siendo pasto de las llamas. Durante tres años se creyó que la imagen había sido quemada pero, accidentalmente en 1599 un niño cayó al pozo y dijo que en el fondo una mujer le había ayudado a salir. Al vaciar el pozo se recuperó la imagen de la Virgen de Candelaria que permaneció hasta el fin del convento en sus dependencias. 
Para recaudar fondos para el convento además de la limosna se situó en la entrada una imagen de Jesús niño en el acto de pedir limosna con la siguiente leyenda;

"¿Cómo el que hasta aquí llegó
sin dar limosna se va?
Sin duda no reparó
que es a mi madre a quien la dá
y quien la pide soy yo"

El monasterio se reedifica entre los años 1680 y 1690 y así es como lo describe la publicación antes mencionada: "La iglesia es de tres naves, la del centro grande y las laterales mui pequeñas y estrechas", sin dar una descripción del convento, aunque podemos apreciarlo en la maqueta de la ciudad que se conserva en el Museo de las Cortes de Cádiz. 

Presta especial atención el autor de la obra al altar del Sagrario, donde se situaba la Cofrradía del Descendimiento con su misterio, del que dice que es de calidad el Cristo y no tanto las demás figuras. El Descendimiento es fundado por el niño Miguel de Omaña en 1670, niño que quedó impresionado con la talla de la Quinta Angustia de Sevilla, costeando su padre las figuras para Cádiz.

En el coro de las monjas, se situaba una imagen de Jesús de la Sentencia que se cree que es la que hoy se venera en la Merced y es titular de la cofradía del mismo nombre.

Sobre el derribo del convento y la creación de la actual plaza de Candelaria seremos escuetos. Un informe del ayuntamiento alertaba sobre la ruina en parte del mismo (no así de la Iglesia). En 1874 con Fermín Salvochea de alcalde se procedió al derribo no sin la protesta de muchos católicos, entre ellos de Emilio Castelar, que había nacido frente a él, y que curiosamente daría nombre a la plaza que nunca quiso en el solar del convento. 

jueves, 8 de marzo de 2018

EL CÁDIZ 3.

Después de la urbanización completa de todo el arrecife y los rellenos de la barriada de la Paz impulsados por los alcaldes franquistas en esa apuesta personal y absurda de conseguir llegar a los 150.000 habitantes costase lo que costase, sin tenerse en cuenta la contaminación que produce el construir en primera línea de playa edificios altos, llegó un nuevo proyecto a la ciudad en los años 70, el denominado como Cádiz 3, ya que el anterior había llevado el nombre de Cádiz 2.

El Cádiz 3 se centraba en urbanizar casi toda la unión desde Cortadura a San Fernando y se basaba en los planos realizados por los ingenieros Mario Peñalver y José Sánchez Martínez- Conde. En este proyecto se alió el Ayuntamiento con la Banca Central y Fomento para iniciar unas obras que incumplían varios requisitos (por ejemplo la ley del Suelo), y que fue apoyada por el alcalde Beltrami aunque los terrenos no estaban calificados para la urbanización. Toda esta trama beneficiaría a la Bética de Autopistas y Dragados y construcciones.

Fueron muchas las protestas del Colegio Oficial de Arquitectos y de la Comisión Provincial de Urbanismo. 
proyecto Cádiz 3

En septiembre de 1974, la empresa Dragados y Construcciones comenzaba a urbanizar los terrenos de la playa en la margen derecha del istmo. La ilegalidad residía en que no se cumplieron los trámites de la ley de Suelos. Se pidió que se revocase la licencia otorgada a los especuladores, pero el Ayuntamiento no sólo se negó a revocar la licencia, sino que actuó en contra del Ministerio de la Vivienda que no había dado el visto bueno al proyecto. En mayo de 1975, el Ministerio de la Vivienda aprobó el PGOU con limitaciones en la que se suspendía el planteamiento del Cádiz 3 mientras no se proyectara uno nuevo en el que se suprimieran las zonas residenciales y turísticas. Esto iba en contra de los especuladores que con Playas de la Cortadura S.A. a la cabeza recurrieron. 

En abril de 1977 el Ministerio desestimó el recurso, pero las presiones de los especuladores continuaron durante buena parte de los años 80 con la intención de privatizar el istmo. 

Finalmente se optó por la ampliación de la ciudad en la zona del río San Pedro dentro del término municipal de Puerto Real, no con la aceptación de las empresas especuladoras.